
Una dieta inadecuada puede terminar influyendo en la longevidad. FOTO: Prexels.
ALIMENTACIÓN
Los riesgos ocultos de la alimentación actual de los niños: por qué es mucho peor de lo que creemos
La alimentación que reciben los niños hoy no sólo moldea su presente, sino que podría estar reescribiendo las reglas de la longevidad para el futuro.
Por María Corisco
04 DE ABRIL DE 2025 / 07:30
La obesidad infantil se ha convertido en una auténtica epidemia en las sociedades occidentales. Más allá de su impacto inmediato en la salud, desde hace tiempo se sabe que el exceso de peso en la infancia está estrechamente relacionado con una peor salud cardiometabólica, lo que aumenta el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión o enfermedades cardiovasculares desde edades tempranas. Estas patologías, que hasta hace poco se asociaban casi exclusivamente a personas mayores, están aflorando en las consultas pediátricas con una frecuencia cada vez más preocupante.
Pero el problema podría ir aún más lejos. Estudios recientes sugieren que los niños con sobrepeso no sólo presentan una mayor propensión a sufrir enfermedades ligadas al envejecimiento, sino que también muestran signos biológicos de envejecimiento prematuro. Uno de los indicadores más inquietantes es el acortamiento de los telómeros, esas regiones situadas en los extremos de los cromosomas que actúan como relojes moleculares, marcando la velocidad a la que envejecen nuestras células. Todo ello hace pensar que, tal vez, las próximas generaciones podrían ser las primeras en vivir menos años que sus padres.


Niños envejecidos precozmente
La alarma ha saltado a raíz de una investigación llevada a cabo por especialistas de la Universidad de México, que en un estudio realizado con niños de entre ocho y 10 años detectaron procesos relacionados con el envejecimiento prematuro, como acortamiento de telómeros (regiones en los extremos de los cromosomas). Como explica la investigadora del Instituto de Biotecnología (IBt), Leonor Pérez Martínez, los telómeros «son importantes para mantener la estabilidad de nuestro genoma, pero conforme avanza la edad dicha zona protectora disminuye. El acortamiento se asocia a un proceso llamado senescencia, durante el cual las células dejan de proliferar y la capacidad de regenerar tejidos disminuye. Es el preámbulo para el inicio del envejecimiento».
Asimismo, se detectó en los pequeños síndrome metabólico, un proceso inflamatorio de todo el organismo que compromete el funciona de células, tejidos y órganos de todo el cuerpo. «Hay evidencias de que esta inflamación también contribuye al acortamiento de telómeros, asociado a adultos de edades avanzadas y con la aparición de enfermedades degenerativas. Nuestros hallazgos pueden sugerir un envejecimiento celular anticipado en niños y niñas con sobrepeso y obesidad«, agrega la doctora Pérez Martínez.
La clave, apuntan los investigadores, está en el desequilibrio energético ocasionado por una dieta excesivamente rica en grasas y azúcares, y baja en actividad física. Todo ello conduce al desarrollo de resistencia a la insulina, resultado de la inflamación asociada a la obesidad. «La resistencia a la insulina implica que no se pueden disminuir los niveles de glucosa en la sangre, lo que compromete el funcionamiento de muchos órganos: hígado, páncreas, intestino y cerebro, y en este último se afectan funciones de alto orden, como la memoria y el aprendizaje«.
La especialista universitaria subraya que «estos hallazgos en la población infantil llaman a poner en alerta a los sistemas de salud, los cuales pueden verse impactados de manera considerable ante la probabilidad de que los pequeños muestren hipertensión, obesidad, sobrepeso e incluso resistencia a la insulina a edades muy tempranas, y de desarrollar enfermedades crónico-degenerativas».
Los problemas que vienen
En este mismo camino se encuentra otro estudio, en este caso español, liderado por un equipo investigador de la Unidad de Nutrición Humana de la Universidad Rovira i Virgili (URV) en colaboración con el Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV) y el Centro de Investigación en Red Fisiopatología y Nutrición (CIBEROBN), que ha concluido que «un alto consumo de alimentos ultraprocesados durante la infancia se asocia a una peor salud cardiometabólica».
La investigación, cuyos resultados principales se han publicado en la revista científica JAMA Network Open, se ha realizado en más de 1.500 niños de entre tres y seis años de diferentes ciudades españolas. Y entre los hallazgos, se ha visto que los niños que consumían más alimentos ultraprocesados tenían mayores puntuaciones en parámetros como el índice de masa corporal, la circunferencia de la cintura, el índice de masa grasa y los niveles de azúcar en sangre. También tenían niveles más bajos de colesterol HDL -considerado como colesterol bueno- en sangre.
«Los datos que hemos obtenido son motivo de preocupación», afirma Nancy Babio, investigadora principal del estudio, y apunta que estos resultados deben tomarse como un aviso prematuro de lo que puede ocurrir en el futuro: «Es esencial reconocer la importancia de los hábitos alimenticios tempranos y sus implicaciones futuras en la salud cardiometabólica».
Un futuro de ancianos prematuros
Según datos del estudio Aladino 2019, el 40,6% de la población infantil tiene exceso de peso. Y sus consecuencias, advierten los expertos, pueden ser dramáticas. El estudio Obesidad infantil, la otra pandemia, llevado a cabo por Maria José García Mérida y Marta Castell Miñana, miembros del Grupo de Gastroenterología y Nutrición de AEPap, revela que «la obesidad infantil se asocia con una mayor probabilidad de obesidad (80%), muerte prematura (sobre todo por eventos cardiovasculares), cáncer y discapacidad en la edad adulta. Además los menores obesos también tienen más riesgo de complicaciones a corto plazo, como alteraciones en el metabolismo lipídico, hipertensión arterial, hipertrofia ventricular izquierda, resistencia a la insulina, diabetes mellitus tipo 2, síndrome metabólico, problemas respiratorios, problemas ortopédicos, dermatológicos, hígado graso no alcohólico, colecistitis, litiasis biliar, pancreatitis, síndrome de ovario poliquístico, marcadores tempranos de enfermedades cardiovasculares y problemas psicológicos».
- Diabetes tipo 2: antes considerada una enfermedad de adultos, la diabetes tipo 2 ahora afecta a niños y adolescentes, en gran parte debido a hábitos alimenticios poco saludables y sedentarismo. Los niños con diabetes tipo 2 tienen un mayor riesgo de desarrollar complicaciones como enfermedades renales, neuropatías y problemas cardiovasculares ya desde la adolescencia.
- Hígado graso no alcohólico (NAFLD): directamente relacionado con la obesidad y el consumo de alimentos ultraprocesados, es más común en niños con sobrepeso u obesidad y se caracteriza por la acumulación de grasa en el hígado. Si no se trata, puede evolucionar a fibrosis, cirrosis e incluso cáncer hepático en la edad adulta.
- Hipertensión y dislipidemia: una dieta rica en sodio, grasas saturadas y azúcares añadidos contribuye al desarrollo de hipertensión y niveles anormales de lípidos en sangre en niños. Estos factores aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares tempranas, como arteriosclerosis y eventos cardíacos.
¿Qué se puede hacer?
Los expertos instan a un cambio drástico en los hábitos de vida, cuyos pilares serían los siguientes:
- Promoción de una dieta equilibrada: fomentar el consumo de frutas, verduras, proteínas magras y granos integrales puede ayudar a prevenir estas patologías.
- Actividad física regular: incentivar el ejercicio diario es crucial para mantener un peso saludable y reducir riesgos asociados.
- Educación nutricional: informar a padres y niños sobre hábitos alimenticios saludables es esencial para prevenir enfermedades a largo plazo.
Abordar estos aspectos desde la infancia es fundamental para mejorar la calidad de vida y la esperanza de vida de las futuras generaciones.
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