
Combati la inflamación asociada al envejecimiento es clave para la calidad de vida. FOTO: Freepik,
CUERPO
Por qué la inflamación acelera el envejecimiento y qué puedes hacer para revertirlo
Esta inflamación de bajo grado persistente actúa como un motor silencioso del deterioro físico y de las enfermedades asociadas a la edad.
Por María Corisco
02 DE ABRIL DE 2025 / 13:30
El envejecimiento, un proceso natural e inevitable, está en el centro de numerosas investigaciones científicas que buscan desentrañar sus mecanismos y, sobre todo, cómo hacer que este proceso se desarrolle manteniendo la mayor calidad de vida posible. Desde la genética hasta la nutrición, los expertos exploran múltiples ángulos para entender qué factores aceleran o ralentizan el deterioro del cuerpo con el tiempo. En este contexto surge el término inflammaging, que describe cómo una inflamación crónica de bajo grado, presente a medida que envejecemos, actúa como un motor silencioso del deterioro físico y enfermedades asociadas a la edad.
Un reciente artículo, publicado en Cardiovascular Research y elaborado por investigadores españoles, describe en profundidad el inflammaging, al que definen como «la inflamación crónica persistente que surge durante el envejecimiento y se ha asociado con afecciones relacionadas con la edad, como las enfermedades cardiovasculares, los trastornos metabólicos, la enfermedad del hígado graso, la enfermedad renal crónica y el deterioro cognitivo».


Para entender la importancia del inflammaging hay que entender que, en conjunto, estas enfermedades representan las principales causas de mortalidad en todo el mundo. Por lo tanto, señalan los autores del estudio, «comprender las causas y las consecuencias del envejecimiento inflamatorio y su relación con las enfermedades asociadas a la edad es una prioridad para la salud pública, especialmente ahora que la población mundial está envejeciendo».
Por qué se produce la inflamación pesistente
A medida que envejecemos, nuestro cuerpo experimenta un aumento gradual en los niveles de sustancias inflamatorias en la sangre, como las citocinas, las quimiocinas y biomarcadores como la proteína C reactiva (PCR). De hecho, medir estos mediadores inflamatorios en la sangre permite estimar nuestra edad biológica mediante un indicador llamado iAge, que actúa como un reloj inflamatorio del envejecimiento.
Sus causas, detallan los autores del estudio, «son complejas e involucran varios factores que contribuyen a la inflamación crónica persistente durante el envejecimiento». Entre ellas, destacan las siguientes:
- Envejecimiento del sistema inmunológico (inmunosenescencia). Con los años, el sistema inmunológico pierde eficacia. Esto desencadena respuestas inflamatorias que, en muchos casos, ya no son necesarias, lo que contribuye a una inflamación de bajo grado constante. Este deterioro inmunológico no sólo agrava el envejecimiento general del cuerpo, sino que también favorece la aparición de múltiples enfermedades relacionadas con la edad.
- Acumulación de células senescentes. Cuando las células envejecen, algunas entran en un estado llamado senescencia, donde dejan de dividirse pero siguen activas metabólicamente. Estas células liberan sustancias inflamatorias (conocidas como SASP, por sus siglas en inglés) que afectan al tejido circundante y aumentan la inflamación crónica. La acumulación de estas células no solo reduce la protección inmunológica, sino que también acelera el envejecimiento.
- Disfunción mitocondrial. Las mitocondrias, las centrales energéticas de nuestras células, también pierden eficacia con la edad. Esta disfunción no sólo afecta la producción de energía celular, sino que también puede generar moléculas que contribuyen a la inflamación, promoviendo el envejecimiento.
- Disbiosis intestinal. La microbiota intestinal, esencial para mantener el equilibrio del cuerpo, también se ve alterada con el paso de los años. Cuando la barrera intestinal pierde su integridad, permite que bacterias o sus componentes (conocidos como PAMP) entren en el torrente sanguíneo. Esto empeora la inflamación crónica y acelera el deterioro de la salud general.
¿Por qué importa todo esto? El inflammaging no sólo explica por qué envejecemos, sino que también abre la puerta a estrategias para combatir el envejecimiento y mejorar la calidad de vida. Desde fortalecer el sistema inmunológico hasta atacar las células senescentes o restaurar la microbiota intestinal, entender estos procesos puede ser clave para ralentizar los efectos del paso del tiempo.
Factores que contribuyen al inflammaging
Pero, además, este fenómeno no es uniforme, sino que varía significativamente entre unas personas y otras debido, apuntan los autores del estudio, a «causas relacionadas con cada individuo, e incluyen predisposición genética, infecciones crónicas, cambios endocrinos y factores ambientales». Esta diversidad, conocida como la heterogeneidad del inflammaging, explica por qué algunas personas experimentan un envejecimiento más saludable mientras que otras enfrentan mayores riesgos asociados a la inflamación crónica.
- Predisposición genética. Cada persona tiene un conjunto único de variantes genéticas que influye en cómo su cuerpo regula la inflamación.
- Infecciones crónicas. Algunos patógenos persistentes, como el virus de Epstein-Barr o el citomegalovirus, pueden activar el sistema inmunológico continuamente, agotándolo con el tiempo y contribuyendo a la inflamación crónica.
- Cambios endocrinos. Con el envejecimiento, el sistema endocrino también se altera, disminuyendo la producción de hormonas como el estrógeno, la testosterona y la melatonina. Estas hormonas tienen un efecto antiinflamatorio, y su reducción puede exacerbar los procesos inflamatorios crónicos en el cuerpo.
- Factores ambientales y estilo de vida. La exposición prolongada a contaminantes, el tabaquismo, la dieta inadecuada y el estrés crónico son factores ambientales que contribuyen al inflammaging.
¿Qué puedes hacer para evitar el inflammaging?
El estilo de vida desempeña un papel crucial en la regulación de la inflamación crónica asociada al envejecimiento. Dos pilares fundamentales de esta intervención son la dieta y el ejercicio físico, que ayudan a mejorar la calidad de vida y prevenir enfermedades crónicas.
- Dieta antiinflamatoria: comer para reducir la inflamación. La alimentación puede influir directamente en los niveles de inflamación en el cuerpo. Una dieta equilibrada y rica en nutrientes tiene el potencial de modular los mediadores inflamatorios y proteger contra el inflammaging. Los alimentos clave que debes comer serían los ácidos grasos omega-3, las frutas y verduras, los alimentos integrales, las legumbres y las especias antiinflamatorias. En cambio, aquellos que han de evitarse son los azúcares añadidos, las grasas trans y saturadas, y el alcohol.
- Ejercicio físico: el antídoto natural contra la inflamación. El ejercicio regular mejora la salud general y actúa como un regulador potente de la inflamación, ya que reduce la producción de citoquinas inflamatorias y estimula la de las mioquinas, que tienen efectos antiinflamatorios. También mejora la salud mitocondrial y reduce el estrés oxidativo. Una buena estrategia es combinar ejercicio aeróbico con entrenamiento de fuerza y ejercicios de flexibilidad y mente-cuerpo.
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