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Una alimentación variada y un consumo correcto de probióticos ayuda a evitar la disbiosis. FOTO: Pexels.

CUERPO

Por qué abusar de los probióticos puede desequilibrar tu flora intestinal y causarte disbiosis

Aunque suelen ser bien tolerados, algunas personas pueden experimentar reacciones adversas, como sensibilidad a determinados ingredientes.

Por Paka Díaz

03 DE ABRIL DE 2025 / 07:30

Desde hace unos años, los probióticos se han hecho un hueco en nuestras vidas. Los beneficios que aportan los han puesto de moda. Como unos buenos amigos, parece que nos garantizan el bienestar. Además, son unos aliados de nuestra microbiota. Pero, como siempre que algo es tendencia, se puede llegar a utilizar de forma incorrecta. El problema es que un uso indebido puede llegar a causar algunos malestares en el organismo.

Los probióticos son microorganismos vivos. «Se estima que en nuestro cuerpo hay hasta tres veces más bacterias externas que células propias. Pero no sólo bacterias, también virus y hongos. Este ecosistema convive con nosotros en un equilibrio frágil», precisa Catalina Fernández de Ana Portela, bióloga, doctora en Oncología Clínica y fundadora de Hifas da Terra, una pyme biotecnológica especializada en complementos nutricionales a base de extractos de hongos.

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Como recalca Miguel Ignacio López Ramiro, médico especialista en medicina familiar, farmacéutico especializado en microbiología y asesor médico de Schwabe Farma Ibérica, «los probióticos son esenciales para el bienestar humano debido a su capacidad para promover un ambiente intestinal saludable. Desempeñan un papel crucial en la protección contra patógenos y en el fortalecimiento del sistema inmunológico«.

Además, el doctor López Ramiro destaca que los probióticos han demostrado ser eficaces en el manejo de trastornos digestivos como el síndrome del intestino irritable y la diarrea aguda. También brindan beneficios adicionales, como la mejora de la salud de la piel y la reducción de la inflamación, lo cual es especialmente importante para quienes padecen enfermedades autoinmunes e inflamatorias.

Eso sí, el profesional subraya que «su efectividad depende de factores como la cepa específica y la dosis. Lo que resalta la importancia de una selección adecuada, por parte de un profesional sanitario, para obtener los beneficios deseados a lo largo de las diferentes etapas de la vida».

La necesidad de tomar probióticos depende, señala Catalina Fernández, «de si hemos perdido ciertas cepas bacterianas. Esto puede ocurrir por una dieta poco variada o por disbiosis. Si no consumimos suficientes frutas y verduras, podemos perder bacterias asociadas a estos alimentos». Otro de los momentos clave para introducir probióticos es después de tomar antibióticos, «ya que estos reducen drásticamente nuestra microbiota», apunta la experta, que recomienda como «fundamental combinarlos con prebióticos, que son el alimento de estas bacterias».

La fibra de los hongos es especialmente interesante, ya que favorece el crecimiento de la microbiota de manera rápida y eficaz, como el hongo reishi. «Un ejemplo es Hifas Íntima Oral, un producto diseñado para mujeres que toman antibióticos, ya que combina cuatro cepas distintas de probióticos, con un prebiótico que favorece su instalación en el intestino», destaca Fernández.

Además, Catalina Fernández indica que «aunque sea un producto natural, no se debe abusar. Lo lógico es hacerlo por una razón y durante un tiempo determinado. Otra cosa es el consumo de alimentos fermentados como el yogur, que contiene probióticos naturales y se ha consumido de manera habitual durante generaciones sin efectos negativos».

Un uso incorrecto de los probióticos puede generar algunas molestias. Por un lado el doctor López Ramiro señala que puede haber, aunque infrecuentes, problemas de tolerancia. Aunque los probióticos generalmente son bien tolerados, «algunas personas pueden experimentar reacciones adversas, como sensibilidad a determinados ingredientes. Pueden manifestarse con síntomas como erupciones cutáneas, prurito o hinchazón».

Además, el médico señala que algunas personas pueden experimentar efectos secundarios digestivos, como flatulencia, distensión abdominal o diarrea. «Pueden estar relacionados con la cepa específica de probiótico utilizada. En estos casos, ajustar la dosis o cambiar de cepa puede ser útil para mitigar estos efectos adversos, que no suelen ser graves ni perdurables en el tiempo», recomienda el médico.

En casos muy poco frecuentes, los probióticos podrían llegar a causar disbiosis por un mal uso. Por eso, el doctor López Ramiro acentúa que «es vital consultar con un profesional antes de tomarlos, para asegurarse de que se elija el probiótico adecuado según la afección y minimizar posibles efectos adversos». La disbiosis consiste en un desequilibrio microbiano en el que microorganismos dañinos reemplazan a los beneficiosos, debilitando las funciones positivas de la microbiota y afectando la mucosa intestinal. «Esto puede generar problemas de salud que incluyen infecciones, alergias, obesidad y enfermedades inflamatorias, pero insisto en que no es lo común«, explica el médico.

Ante síntomas como problemas digestivos, hinchazón, diarrea, flatulencias y reflujo, recomiendan consultar con un profesional. Fernández recuerda que la disbiosis suele ocurrir por una alimentación inadecuada y poco variada. «Me gusta comparar la microbiota con una jungla tridimensional, donde distintas capas y especies interactúan entre sí. La naturaleza tiende hacia el equilibrio cuando mantenemos una dieta variada, un buen descanso y una hidratación adecuada«, destaca. Aun así, señala que «tomar probióticos es especialmente útil después de un tratamiento con antibióticos, ya que estos eliminan una parte significativa de la microbiota y es necesario restaurarla».

Entre las recomendaciones de los profesionales para aprovechar todos los beneficios de los probióticos, el doctor López Ramiro señala que, antes de comenzar a tomarlos «es crucial consultar a un profesional para elegir la cepa y la dosis adecuadas«. Luego toca seguir las instrucciones estrictas sobre su dosificación y el momento de ingesta, «ya que algunos probióticos deben tomarse con alimentos«, recuerda. También destaca que se debe «mantener la regularidad en su consumo para lograr un equilibrio intestinal óptimo y almacenarlos correctamente, verificando si requieren refrigeración».

Además, como destaca Catalina Fernández de Ana Portela, para cuidar la microbiota es «lo que llamamos comer como el arco iris, es decir, consumir alimentos de muchos colores. Cuanta mayor variedad de frutas y verduras incorporemos, mejor. Ya que nos aseguramos de obtener distintos nutrientes y fibras beneficiosas».

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Además de ingeridos, los probióticos se han comenzado a usar por sus propiedades cosméticas y también requieren un uso específico. La piel, igual que el resto de organismos, tiene su propia microbiota, la dermobiota, habitada por una comunidad de microorganismos. «Si esta sufre desequilibrios, pueden surgir alteraciones como inflamación, acné, rosácea, eccema e incluso sensibilidad y envejecimiento prematuro de la piel», explica Lorena Díaz, gerente de Soy Green. En estos casos, aclara «los probióticos actúan para restablecer un balance saludable«. Actúan, según explica, como moduladores del sistema inmune, que se puede mejorar también a través de la alimentación. «Reducen la inflamación y evitan que las bacterias patógenas, que causan muchos problemas cutáneos, colonicen», afirma.

Pese a que la experta señala que «por sus beneficios para las pieles sensibles, reactivas y con rojeces, es muy raro que cause problemas o se de un uso indebido», sí que lanza una importante recomendación. «Lo fundamental es conservarlos adecuadamente, en un ambiente donde no haya cambios bruscos de temperatura. La cosmética con probióticos no puede estar expuesta al calor o frío extremo ya que dañaría sus propiedades», advierte.

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