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Hacer una pausa silenciosa en medio de una discusión permite aclarar las ideas propias y facilita que la otra parte también lo haga. FOTO: Getty Images.

Mente

La estrategia del silencio: por qué callarse en una discusión mejora la comunicación con tus amigos

Hacer una pausa silenciosa en medio de una disputa ayuda a aclarar las ideas, a calmar los ánimos y a encontrar mejores soluciones a los problema.

Por Marcos López

23 DE OCTUBRE DE 2024 / 17:35

El diálogo sosegado ha resultado infructuoso. Por lo que, como siempre, todo el mundo ha acabado elevando su voz para tratar de imponer su punto de vista. Se ha puesto a gritar. Como si la clave para convencer a los supuestos contrarios no estuviera en la razón, sino en los decibelios. Demasiado ruido. Demasiada agresividad.

Nadie escucha a nadie. Así que ha llegado el momento de calmarse. De hacer una pausa entre tanto bullicio. De guardar silencio, permitirte escuchar a los demás y que te escuchen a ti. De recurrir a la quietud para apaciguar los ánimos y mejorar, cuando no directamente posibilitar, vuestra comunicación.

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No importa que la discusión tenga lugar en tu casa con tu pareja, en un bar con tus amigos o en tu lugar de trabajo. Como explica Nawal Mustafa, neuropsicóloga clínica, «tomarse una pausa es una estrategia de comunicación saludable. Nos permite la introspección, poner en orden nuestros pensamientos y mantener la compostura durante una discusión intensa».

Tu vida, como la de todos, está llena de ruido. Tanto que a veces te cuesta escuchar tus propios pensamientos. Más aún cuando el ambiente está caldeado y las conversaciones se van de las manos. Cuando la única comunicación son los soliloquios acalorados. Así que toca guardar un silencio momentáneo para reflexionar, evaluar la situación y buscar una solución real al problema. Para no permitir que, como muestra la Universidad de Pensilvania, el diálogo se siga nutriendo de ideas o preocupaciones que, inoportunas e incluso desafortunadas, te alejen aún más de una resolución que permita zanjar la situación. Y también de tu interlocutor –a veces para siempre.

No se trata sólo de aclarar las ideas propias. También de facilitar que la otra parte, ya sea tu pareja, un amigo o un compañero de trabajo, también lo haga. Lo que no logrará si le estás atropellando con tus palabras. Así que tómate una pausa y préstale atención. Mejorarás, como constata la Universidad de Victoria, la dinámica conversacional. Tus silencios serán imitados y facilitarán una alternancia de turnos más empática. Se acabó el acaparar toda la conversación. Volverá el diálogo.

Tienes mucho que decir. Pero tu interlocutor, o así lo cree, también. Y ya que no va a dejar de exponer lo que tiene en mente, mejor que no lo haga vociferando. Lo que dejará de hacer gracias a tus silencios estratégicos. Mostrarle que le escuchas hará que sus ánimos se vayan calmando. Que pueda regular sus emociones. Que abandone su verborrea incontrolada –y elevada de tono– y pueda elaborar su discurso. Como indica Nawal Mustafa, «al tomarnos una pausa fomentamos la comprensión y la empatía y promovemos un diálogo constructivo».

Pero los ánimos están demasiado encendidos. De hecho, te están faltando al respeto. Y en lugar de caer en la provocación y alimentar un intercambio de insultos que podría no tener fin, optas por guardar silencio. Lo que es una respuesta tajante para mostrar tu disconformidad con lo escuchado. Tal y como sucede con las imágenes, los silencios valen aquí más que mil palabras.

También es importante reseñar la dificultad de un manejo totalmente apropiado de la lengua de Cervantes, o de cualquier otro idioma, a la hora de expresar algunos sentimientos. Sobre todo cuando se han perdido los estribos. Y aquí un silencio estratégico puede decir mucho más que una palabra o frase que, por cierto y dada la magnitud de tu enfado, te va a costar (mucho) encontrar.

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Una cosa importante: se trata de hacer una pausa, no de permanecer eternamente callado. Zanjar una discusión con un silencio mantenido por un largo periodo, refiere Nawal Mustafa, «tiene por objetivo controlar y castigar a los demás. Darles la espalda. No en vano, este trato silencioso promueve el aislamiento y la manipulación, causando daños a largo plazo en las relaciones».

En definitiva, se trata de recurrir a una pausa temporal que, concluye la experta, «al contrario del trato silencioso, que inflige dolor y corta la comunicación, fomenta respuestas reflexivas y evita que los conflictos se intensifiquen».

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